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Isla de Pascua. Rapa Nui

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Y en un principio todo estaba quieto. El viento susurraba a las aguas azules y profundas, los requiebros del cielo. La mar callaba, y el invisible celestino persistía en su incesante afán de despertar el frenesí, por el que clamaba su etéreo consentido. Y entonces surgió la pasión. El océano se abrió por tres veces inflamando las alturas con su incandescente magma. Primero fue el Poike, luego el Rano Kau y, finalmente el Maunga Terevaka. Cuando los ígneos cíclopes cesaron de emerger de las profundidades, entre ellos estaba Te Pito O Te Henúa mirando el firmamento.

Francisco Iturbe B. (QEPD)

Origen e Historia

Te Pito O Te Henúa, el Ombligo del Mundo, es por sobre todo, enigma. Sus orígenes están velados por el paso de los siglos. ¿ De dónde vinieron sus ancestros ?. Las hipotéticas respuestas que se han dado sólo acentúan el mutismo tras el cual se esconde la verdad. Talvez los Moai la sepan, pero ellos también callan. Así, las interrogantes no tienen réplica. Sólo hay silencio, misterio.

Hace ya más de dos y medio millones de años tres gigantescas erupciones formaron las bases de un triángulo de tierra de 180 km2, que permaneció deshabitado hasta el siglo IV de la era cristiana. Por entonces se estima que llegaron los primeros isleños, de cuya procedencia existen dos teorías.

Respaldada por las investigaciones más recientes, está la que sustenta raíces polinésicas, una migración de las Islas Marquesas (3.500km de distancia), guiados por su rey (Ariki) Hotu Matu'a. Habrían navegado en sus canoas dobles, precursoras de los catamaranes, o en balsas, pasando de isla en isla gracias a su conocimiento de las corrientes, vientos y astronomía, usando el Mattang, instrumento que calculaba la dirección del viento y la distancia de la tierra. Emigrantes de la cultura que habitaba la zona del Perú. Es respaldada por Thor Heyerdahl que para probarla viajó 101 días desde las costas peruanas a las islas polinésicas en una balsa (la Kon Tiki) construida por nativos del lago Titicaca.

Sea cual fuere el caso, lo cierto es que los primeros habitantes se encontraron con vegetación limitada y casi sin animales, a excepción de algunos lagartos y aves. Pese a su limitada variedad alimenticia (la pesca era escasa por falta de madera para construir botes), se inició el desarrollo de una cultura, que con el correr de los siglos alcanzaría inusitados niveles de complejidad, considerando que tal evolución tuvo lugar en el más absoluto aislamiento.

En un caso sólo similar a los mayas, en la Isla se desarrolló una escritura, conocida como Kohau Rongo Rongo, de la que restan las llamadas tablillas parlantes (hay 24 dispersas en todo el mundo), basadas en ideogramas (como el chino) y no en letras; sus 150 signos permiten formar 1.500-2.000 composiciones diferentes, que comienzan en la línea inferior de izq. a der. y la siguiente línea está en posición invertida. Una de las tablillas parlantes se encuentra en el Museo de Historia Natural de Santiago.

Al amparo de este sorprendente acerbo, se erigió una sociedad muy estratificada, sobre la cual estaba el Rey (sucesor en la tierra de los dioses que crearon el Todo) y cuyos estamentos consistían en grupos de consanguinidad unilineal que por siglos, se concentró en el culto a los antepasados. La organización social establecía que cada unidad (Mata) ocupaba un trozo de territorio y su correspondiente zona costera, sobre la cual se establecía el centro religioso, político y social de la familia, y cuyo centro era el altar de ceremonias (Ahu) erigido para la veneración de los ancestros deificados, y lugar de entierro de los muertos de la familia. Enfrente de estos altares, estaban los fogones y demás construcciones vinculadas al culto, así como las casas de los personajes de elevada posición.

Hoy en día, a lo largo de la costa isleña, se pueden encontrar numerosos Ahu y sus correspondientes Moai (representación en piedra de sus ancestros importantes) y explanadas dedicadas a la vida comunitaria. El resto de la población habitaba tierra adentro, en sitios próximos a las áreas de la isla dedicadas al cultivo. Al igual que otras culturas, Rapa Nui creció hasta que en su seno surgieron las grietas que finalmente engendraron la crisis que significó su destrucción.

Con el correr de los siglos, surgió el conflicto entre las demandas de una población creciente (en un medio fijo y de recursos limitados) frente al reducido número de sus miembros ocupados en la producción de alimentos, en abierta desproporción con aquéllos ocupados en la talla de moai, expresión de su ancestral fervor por los antepasados. Así, entre 1500-1700, las tribus (orejas largas y orejas cortas) se desgastaron en sucesivas guerras que produjeron la gradual destrucción de los Ahu y el abatimiento de todos los Moai de la isla, como también el abandono de las canteras (Rano Raraku) y los Moai que se encontraban en proceso de construcción. La población se refugió en cuevas, que fueron su hogar, pero también su escondite, en una sociedad donde la escasez de comida y las iras intestinas habían dado lugar incluso al canibalismo.

Para el mundo occidental, Te Pito O Te Henúa existe a partir del 6 de abril de 1722, domingo de Pascua de Resurrección con la llegada del almirante holandés Jacob Roggeven; aún entonces, las guerras continuaban. Despúes de ello, pasaron casi cincuenta años antes de recibir nuevas visitas, entre ellas Felipe González de Haedo (1770), James Cook (quien en 1774 la bautizó con la palabra tahitiana Rapa Nui) y el francés La Pérousse (1786). De ahí en adelante, Isla de Pascua se convierte en una escala para los barcos que viajan hacia Oceanía. Pero no todos van en tránsito.

Con una población de 3.000-4.000 personas, entre los años 1862 y 1863, arriban a la isla, partidas de esclavistas que secuestran a más de mil pascuenses (1.500 incluyendo aquellos de otras islas de la polinesia) para explotarlos en las guaneras del Perú; entre ellos se encontraban el Rey y todos los sacerdotes, depositarios de la tradición, idioma y la historia de Rapa Nui. Luego siguieron la viruela y tuberculosis que trajeron los 16 ex esclavos que regresaron del continente, hasta que en 1877 la población se redujo a ciento once (ó 110) pascuenses. Era el fin de la antigua cultura pascuense, tras cuya extinción sólo quedaron los silenciosos Moai sosteniendo en su mirada el más bello nombre de la isla: Mata Ki Te Rangi - Ojos que miran al Cielo.

En 1870 la corbeta O'Higgins realizó la primera visita de un buque chileno a la isla; abordo venía el guardiamarina Policarpo Toro, quien promovió la idea y finalmente como capitán obtuvo (1888) la incorporación de la Isla a la Soberanía de Chile. Antes debió comprar tierras a franceses que aseguraban poseer títulos de propiedad; en varios aspectos sus propietarios dependían jurídicamente del gobierno tahitiano y francés.

En 1935 fue declarada Parque Nacional y Monumento Histórico con el propósito de preservar su extraordinario patrimonio cultural y natural; en la práctica sólo se aplicó desde 1966 cuando comenzó a operar el Depto. Forestal de Servicio Agrícola y Ganadero, antecesor de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), creada en 1972. En el período anterior a su declaración de Parque Nacional (originalmente toda la isla) fue explotada por empresas ganaderas que actuaron con poderes omnímodos y abusivos.

Aún cuando la llegada de Chile significó la sobrevivencia de los habitantes de Isla de Pascua, todo chileno que conozca la historia posterior puede sentirse avergonzado del tratamiento que recibieron sus habitantes, que sólo obtuvieron derecho a voto en 1966 con la ley 16441; esta etapa se entiende mejor al leer el libro de Jesús Conte.

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© Gaston Lux, info@isladepascua.com.ar